260. Cornelio

Jesús nos dijo, en términos muy claros, qué hace que una persona sea inmunda o contaminada. Él dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre…” (Mateo 15:19-20). El contenido del corazón es lo que Dios considera al mirar a una persona. Los hombres solo pueden ver y tratar con las acciones externas, pero Dios ve y trata con la fuente de esas acciones en el corazón.

Cuando Jesús, en una visión, instruyó a Pedro, diciendo: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.” (Hechos 10:15), le estaba advirtiendo a Pedro que no rechazara a aquellos gentiles cuyos corazones Dios purificaría del pecado. Pedro vería esta gran limpieza suceder al día siguiente, cuando Cornelio y los que estaban con él recibieron el evangelio y fueron llenos del Espíritu Santo. (Hechos 10).

Cuando Pedro regresó a Jerusalén después de la salvación de Cornelio, fue confrontado por otros creyentes judíos. La Biblia dice: “…los que eran de la circuncisión contendían con él, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hechos 11:2-3). Pedro había quebrantado sus tradiciones profundamente arraigadas acerca de las relaciones de un judío con personas que la Ley consideraba inmundas. Estos judíos creyentes no comprendían que su observancia de la Ley de Moisés no tenía ninguna parte en la salvación que habían recibido por la fe en Jesucristo.

Estos creyentes judíos estaban absolutamente convencidos de cuán beneficioso y necesario era guardar la Ley de Moisés para su salvación. Cuando el evangelio comenzó a ser recibido por muchos más gentiles, algunos de estos creyentes judíos, conocidos como “judaizantes”, comenzaron a atacar y condenar a los nuevos creyentes gentiles y a exigirles que se sometieran a la circuncisión y a la Ley de Moisés. Creían que estos creyentes gentiles no podían ser verdaderamente santos a menos que se sometieran a la Ley de Moisés.

La disputa llegó a ser tan grave que Pablo y Bernabé decidieron visitar a los apóstoles en Jerusalén para resolver el asunto. La Biblia dice: “Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.” (Hechos 15:7-9).

Estas palabras de Pedro fueron sorprendentes. Eran un reconocimiento de que, en los pocos segundos entre las palabras de Pedro: “…que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43), y el momento en que fueron llenos del Espíritu de Dios, Dios había hecho lo que toda una vida bajo la Ley jamás podría hacer. Dios había lavado el pecado de sus corazones.

La conversión milagrosa de Cornelio demostró que la salvación no venía por medio de la Ley, del guardar mandamientos, de la circuncisión, del bautismo ni de ningún otro ritual u ordenanza. Pedro dijo que Dios purificó sus corazones por la fe. Lo único que hicieron fue creer la sencilla verdad de Cristo, y Dios limpió sus corazones.

Las siguientes palabras de Pedro fueron aún más sorprendentes. Al dirigirse a aquellos que intentaban poner a los creyentes gentiles bajo la sujeción de la Ley, dijo: “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Pero creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.” (Hechos 15:10-11). Hasta ese momento, toda la iglesia seguía viviendo bajo la Ley de Moisés. Parece que la aceptaban como una parte integral de su salvación. Pedro comprendió que, si los gentiles podían ser salvos sin ella, entonces los judíos también podían serlo. Él dijo: “seremos salvos, de igual modo que ellos.”

A partir de aquel día, la conversión de Cornelio se convirtió en un ejemplo aun mayor del poder de la salvación que incluso lo que ocurrió en el día de Pentecostés. Demostró que ningún pueblo estaba fuera del alcance de la gracia y el poder de Dios. También demostró que el pecado podía ser quitado en un instante, sin ninguna ayuda de nuestros procesos religiosos.

El apóstol Pablo confirmaría más tarde cuán grandemente la conversión de los gentiles revelaba el poder de la salvación cuando escribió: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones…” (Romanos 2:14-15). Sin una ley, sin un proceso religioso, Dios puede limpiar a una persona del pecado y escribir Su ley en su corazón, cambiando así su propia naturaleza. Esta es precisamente la base del Nuevo Pacto (Hebreos 8:10-11), y es la promesa de Dios para ti.

Dios les bendiga,
Pastor Keith Surface

Artículo original publicado en inglés el 13 de Agosto de 2026, con el título: Cornelius 

NOTA: Todas las citas bíblicas provienen de la versión Reina-Valera 1960.

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